martes, 16 de septiembre de 2014

Capítulo 11


Me encontraba en una fría y sombría habitación, con una ventana estrecha de la que procedía la poca luz que irradiaba del exterior. Miré en derredor, intentando averiguar que era este lugar.

Las paredes cada vez se hacían más estrechas, y el suelo parecía que se iba a derrumbar en cualquier momento.

Sentí que el corazón me latía tan fuerte como si se fuera a romper.

Me apoyé en la pared, palpando su rugosa y fría superficie, en busca de una salida para escapar de allí lo antes posible.
Un fuerte hedor llegó hasta mi nariz, acompañado de una oleada de aire que consiguió erizar los pelos de mis brazos.
Busqué en mi cinturón el puñal que siempre llevaba conmigo, pero no estaba.

Una fuerte agonía se apoderó de mí. Quise gritar pero lo único que salía de mi interior eran pequeños sollozos que me hacían más ridículo aún.

Corrí sin pensarlo dos veces hacia la profunda oscuridad, pero nada más hacerlo un agudo y penetrante chillido retumbó confusamente en el pequeño habitáculo. Paré en seco cuando a lo lejos vislumbré una sombra alumbrada por una antorcha. En ese momento decidí cambiar de dirección y volver sobre mis pasos.
Cuando me di la vuelta, ese mismo hombre estaba situado frente a mí, con un puñal en la mano. La antorcha alumbró su cara y pude reconocerlo. Era el Sir Thomas y padre yacía a sus pies, bajo un charco de sangre que llegaba hasta mis pies descalzos, empapándolos.

Antes de que pudiera reaccionar, Anabeth apareció tras él.
Le miró de forma cómplice y ambos sonrieron.


-¿Qué está pasando Anabeth?
-¿No te has percatado aún? -Se acercó a mí, jactándose y empujándome. -Me casé con Thomas y se convirtió en el heredero al trono.
-¿Qué hago aquí?
-Las ratas como tú deben estar en sitios así. Nadie te echó de menos, pues nunca fuiste nadie ni lo serás.


La voz se repetía una y otra vez, como si se tratara de un eco.

Me senté en la cama de golpe, jadeante, con algunos mechones pegados al cuello por un sudor frío. Miré a mi alrededor. Solo había sido una pesadilla.

Intenté calmarme, levantándome de la cama y asomándome al balcón, espirando el aire fresco de la mañana.

Eché agua sobre mis manos y mojé mi cara.
Apenas recordaba el sueño, pero lo que si memorizaba eran las últimas palabras que pronunció Anabeth. 




«Nunca fuiste nadie, ni lo serás»


¿Y si era verdad y nunca nadie me tomaba en serio y me convertía en el hazmerreír de Traylasia?

Estaba tan sumido en mis pensamientos que no me percaté de que estaban llamando a la puerta hasta que el criado entró pidiendo permiso.

Dejó mi atuendo recién cogido de la cuerda sobre la cama y se retiró haciendo una reverencia. Me ayudó a vestirme, primero colocándome las calzas, que me iban tan ceñidas que dibujaban perfectamente la exagerada torsión de mis piernas. Me vistió con una camisa de lino y unos pantalones apretados en la rodilla.


Me puse de pie y, a continuación, ajusté el puñal al cinturón.
Poco después me ciñó la camisa; me calzó unos borceguíes de piel fina.


-Arreglad la estancia.

Le ordené al criado cuando terminó de vestirme. Dejé mi alcoba con la camisa inflada por la corriente de aire fresco que atravesaba el pasillo. Lo atravesé sin detenerme, caminando con altivez.
Bajé la escalera y con cuatro zancadas llegué a la puerta de entrada, la que llevaba a los jardines. La puerta estaba protegida por dos guardias que, con solo verme, retiraron las lanzas para dejarme paso.

Caminé por los hermosos jardines, hasta que finalmente me apoyé en la barandilla.
Mientras disfrutaba de las vistas de Tjmud, una mano se posó sobre mi hombro. Me giré y me encontré con el que se hacía llamar mi amigo.


-Vengo a disculparme por mi comportamiento hacia vos.
-Teníais órdenes de no actuar sin mi permiso, ¡¿y qué hacéis?!
-Cumplí órdenes del Sir Thomas.
-¡Aquí mando yo, no él! ¿Os queda claro? -Grité furioso.
-Sí, señor.
-¿Qué miráis?
-En lo que os habéis convertido.
-¿Y vos? Ahora sois un ruin y un estúpido traidor al que le importan más unas monedas de oro que una amistad.

Cebo embistió con una mirada dura e insondable que desafiaba la mía. No respondió, pero así me lo hizo entender.
Se retiró, llevándose consigo los seis años de amistad.
Y en ese preciso instante me di cuenta de que no nos tenemos que atar del todo a una persona, porque como todo en esta vida, nada es para siempre y las puñaladas vienen de las personas que menos imaginamos.







Bajamos al mercado escoltadas por nuestros mejores hombres. Iban armados y llevaban el rostro cubierto con unas capas forradas de satén carmesí.

No rechacé su protección, ya que temía por mi vida, después de lo ocurrido hacía unas cuatro semanas, en aquella misma zona.

Al principio del mercado se encontraba una joven hilandera, sentada sobre un escabel, mientras hacía girar el huso con movimientos ligeros y precisos, hasta que conseguía un hilo fino y limpio.

Levantó la vista e intentó vendernos los paños que tejía con lana cardada e hilo buriel. Parecía una niña de doce años, tenía la mirada tímida y triste y trabajaba para un hombre viejo que la gritaba cada vez que descansaba o se distraía mirando a los demás vendedores.

Nos adentramos en la plaza, y divisé un enjambre de personas mercadear entre bancos y puestos. El aire estaba impregnado de olores densos y hedores que no conseguía distinguir.

La actividad caótica del mercado, duraba desde que los primeros rayos de sol desgarraban el cielo, hasta el atardecer con la caída del sol.

Un olor a pan recién hecho me envolvió por completo. Muchos de los obradores eran regentados por mujeres que amasaban pan, lo tostaban al horno de leña, y cuando lo tenían cocido lo iban vendiendo por las calles de la ciudad y la plaza.


-¡A medio maravedí! ¡Mirad que pan tan bueno tengo!


La panadera alzó su voz, en medio de la plaza para que la prestáramos atención. Iba deprisa, sin entretenerme en ninguna parte, al no ser que la mercancía que tenían expuesta sobre los mostradores me llamara la atención.

A lo lejos, vi al viejo mercader que vendía hierbas y especias picadas. Requería varias de ellas para que Anastasia las mezclara e hiciera el ungüento que mi madre le había enseñado para curar los catarros.

Tenía pimienta en grano, nuez moscada, comino, anís, azafrán, clavo, y otras muchas que no conocía y que desprendían un olor intenso.


-¿Le queda eucalipto y menta?


Me tendió dos hatillos y le pagué los maravedís correspondidos. Una vez compradas las especias y demás, me dispuse a echar una ojeada por si hubieran traído nuevas telas.

Anastasia, al igual que Mencía, cada vez que visitaban aquel sitio, se quedaban sorprendidas por los colores de las telas y los olores perfumados que desprendían los velos.

Volví la cabeza atrás, mientras Anastasia preguntaba por el precio de unas telas de damasco negro y carmesí.

Mi mirada se encontró con los ojos inquietos del albéitar, el cual semanas atrás había curado a Bruma. El corazón me dio un vuelco y una sonrisa se extendió en mi rostro.


-Alteza, ¿qué os parece esta?


Iba acompañado de Christian, el pequeño pícaro que deambulaba a veces por la cocina del castillo, y que Mencía había protegido del Capitán Cebo.

El hermano de Mencía sonrió mientras miraba al chico, luego volvió a mirarme, clavando sus pupilas azules en las mías, consiguiendo que un escalofrío recorriese mi columna vertebral de arriba abajo
¿Por qué estaba nerviosa cada vez que le veía? ¿Qué despertaba aquel muchacho en mí?


-Alteza, ¿me estáis escuchando?


La voz de Anastasia sonó plena en mi espalda. Me giré sobresaltada e intenté disimular.


-Sí. Son distinguidas y tienen buen tacto, pero ya es tarde, tenemos que volver a palacio.
-Como deseéis.


Nos encaminamos hacia la entrada del mercado, seguidas de los dos hombres. Uno de ellos, el más alto y corpulento se había quedado prendado de la vendedora de velos, pero por desgracia, esa mujer ya estaría casada, al igual que la mayoría de las mujeres de Tjmud.

No había signos de tormenta, por lo que no agilicé el paso. Antes de traspasar la gran puerta, Anastasia miró hacia el cielo barrido de nubes y balbuceó unas palabras a los hombres que protegían el castillo.

Los soldados se acercaron a Cebo, y este me saludó mientras me dirigía hacia los jardines. Mi padre se encontraba hablando con Sir Thomas y cuando me vieron, callaron, dedicándome una sonrisa. Les saludé con la mano y seguí andando hasta las cocinas.


-Podéis retiraros.


Subí a mis aposentos y dejé las especias sobre la mesita redonda que estaba situada en medio de la alcoba. Caminé hacia los aposentos de mi hermano y di tres tímidos golpes, en su puerta.

Era nuestra señal, para saber que éramos nosotros y no otra persona. Cuando escuchó el tercer toque me dio permiso para entrar.
Estaba asomado al balcón, mirando hacia el cielo. Suspiró y cuando se volvió para mirarme, le noté decaído y triste. ¿Qué le ocurriría a Danny?






El ocaso del día, estaba dando inicio a las gélidas temperaturas de la oscuridad. Tanto Sombra como yo, cada vez que exhalábamos el aire de nuestros pulmones, dejábamos aparecer el vaho de nuestro calor interno.

Sonreí al recordar las palabras de mi verdadera madre cuando era un niño. Ella siempre decía que el vaho era parte del alma que quería escapar, pero que al darse cuenta del frío que hacía en el exterior de nuestro ser, ella regresaba. Según ella el vaho era el retorno del alma, tras haber sentido el frío del exterior.

Las calles de Tjmud habían perecido, tras la caída del sol y ahora mucho más, después de la quema de los prostíbulos.

Había decidido ir solo, con la única compañía de Sombra; puesto que necesitaba que Christian permaneciera en casa, vigilándola y también, porque era la única forma que conocía, para poder mantenerle a salvo.

La pequeña antorcha que portaba, me alumbraba y daba algo de calor, pero temía por Sombra; ya que no quería que se derramara nada del aceite que llevaba aquel trapo en llamas.

Iba desarmado y a decir verdad sentía miedo, pero era la única manera de velar por la vida de mi hermana. De todas maneras, no sabía manejar una espada y aunque tuviera una, lo más probable es que la dejara en el suelo y huyera.

La única arma que sabía usar era mi navaja de pastor, y con ella ya había matado a un hombre hace mucho tiempo.

Acaricié a Sombra, cuando espoleé su cuerpo, para que agilizara su paso. Descabalgué al llegar a palacio y al bajarme, acaricié aquella marca, en forma de tridente, que poseían todos los Gertryos, como símbolo de su raza.

Mientras le estaba acariciando, cerca del patio principal del palacio, en el cual se nos permitía la entrada, vi a mi hermana tras su fría ama, aunque desde que aquella misma mañana la había visto en el mercado, ya no me parecía tan fría.

Su mirada era tan azul como el cielo y su piel, tan pálida que le daba un aspecto frágil y dulce. Supuse que sus refinados modales, le harían una dama muy deseada. No pude apreciar nada su aspecto, ni su figura; puesto que no disponía de la iluminación suficiente, para contemplar sus gráciles movimientos.

Mi hermana se acercó hacia mí cuando su ama le dio la orden. Mencía rápidamente se colocó una tela sobre los hombros y caminó hacia donde yo me encontraba, sujetando a Sombra con una mano, y con la otra, la antorcha.

Por un momento pensé que nuestras miradas se habrían cruzado, al igual que en el mercado, pero supuse que no fue así.

Cuando Mencía estaba lo suficiente cerca de mí, contempló mi nervioso rostro y aunque intenté disimular, ella era muy inteligente.

Volvimos a casa, sin mediar ninguna palabra. Ella montaba a Sombra y yo caminaba al lado de ambos, alumbrando el camino.

Durante el regreso a casa, noté una sensación extraña en mi cuerpo. No eran nervios, ni tampoco malestar. No entendía lo que me estaba sucediendo, pero fuera lo que fuere me hacía sentirme más vital y eso hizo que suspirara. ¿Me sentía atraído por los encantos de la dueña de mi hermana? Supuse que la respuesta era un dudoso sí. Dudoso, porque aunque ella se fijara en mí y me llegara a amar, algo casi imposible, jamás igualaría su condición social y no sería tan rico y poseedor de varias tierras, como algún noble.

Mi familia no era de sangre real, ni noble. Mis verdaderos padres eran pastores y mis padres adoptivos unos musulmanes que tanto su religión, como la nuestra les había arrebatado todo.

Ajman fue inteligente y repartió su sabiduría entre mi hermana y yo. ¿Quizás pensó en que algún día ocurriera lo que ocurrió o que quería darnos un buen futuro dentro de tanta miseria? No podría contestar en mucho tiempo a esa pregunta, al igual que a la de si mi hermana había notado que mi corazón estaba latiendo de manera desbocada por aquella mirada de la princesa.

Al llegar a casa, ella guardó a Sombra y cuando entró, simplemente comió una manzana, y al igual que Christian, se quedó dormida justo al fuego.

Yo me mantuve despierto más tiempo. Observé aquel poblado cielo, repleto de estrellas, y le confesé a la luna mis sentimientos hacia Anabeth, la princesa de todo el reino de Traylasia.




                                                                        OoOoO




Había hervido las sábanas de la habitación de la princesa. Estaba tendiéndolas, cuando me di cuenta de algunas quemaduras en mis manos. No las di importancia, como hacía con mis demás heridas, pero me molestaban cada vez que cerraba la mano.

Mis nudillos estaban amoratados del frío y no notaba la circulación de la sangre por los dedos de mis manos y pies.

Noté una caricia en mi espalda y me quedé atónita. Sin habla y prácticamente inmóvil, cual estatua de mármol.


-¿Queréis qué os ayude?


La voz de Cebo ya era irreconfundible, para mí. Coloqué la sábana en la cuerda y al hacerlo comenzó a besar mi cuello, deslizando sus manos por mis brazos.


-¿Me habéis perdonado ya?
-¡Os dije que nunca lo haría y mucho menos os amaré! –Grité con ira, alejándome de él. –Podéis arrebatarme mi honra y con ella la de mi hermano, pero jamás podréis obtener mi corazón.
-Decidme el motivo, por al que rechazáis mi cortejo.
-Cumplisteis órdenes y decidisteis matar a mi familia sin piedad. Mandasteis decapitar a dos niños inocentes y derramasteis la sangre de un hombre y una mujer honrados, cuyo único pecado fue ser musulmán.
-Eran ratas, todos lo sabemos. –Sonrió, chulescamente. –Vos siempre les verá con buenos ojos, porque fueron su familia, pero créame les hice un gran favor.


Abofeteé la cara de Cebo, bajo su asombro. Era mujer y por lo tanto no podía pegar a ningún hombre y mucho menos al capitán de la guardia real.


-No me importa el tiempo. Yo seguiré insistiéndoos cada vez que os vea...
-Y siempre obtendréis mi misma respuesta. Jamás os amaré y aunque me obligarais a hacerlo haría todo lo posible por quitarme la vida, antes de estar con vos.


Recogí del suelo la cesta, en la que había llevado anteriormente las sábanas. Abandoné a Cebo y cuando supe que estaba lo suficientemente lejos, rompí a llorar.

No aguantaba más mi orgullo y sabía que si quería dejar de vivir en aquel infierno, tarde o temprano tendría que aceptarle y fingir que le amaba.

Mi sueño de poder encontrar el verdadero amor, parecía quebrarse y de tal modo, mi única vía de escape de la realidad.

Me sequé las lágrimas y entré en las cocinas, para después subir a los aposentos de mi ama. Ella no estaba allí, por lo que decidí esperarla.

Me acerqué al enorme ventanal, de piedra, que estaba tapado por un inmenso tapiz y apartando un poco aquellas gruesas telas, observé el reino desde las alturas de aquella torre.


-¿Qué hacéis husmeando tras el tapiz?
-Nada señora. –Dije nerviosa, apartándome de la tela y caminando hacia ella.
-¿Mirabais Tjmud? –Sonrió, mientras me daba permiso para adentrarme en su alcoba.
-Sí, señora.
-¿Conocéis la historia de la ciudad? ¿De mi familia? –Negué moviendo mi cabeza.
-Sentaos a mi lado, al fin y al cabo no todos los días creo que seré tan agradable con vos. –Sonreí al sentarme a su lado en su mullida cama. –Hace mucho tiempo, todo el reino de Traylasia estaba sumido en la oscuridad del reino gertryo. En el reino no había orden, tan solo guerras, muerte y destrucción. La resistencia se había escondido en el actual bosque tóxico de Ifnish, y desde allí comenzó la reconquista. Lucharon nobles y campesinos en contra del pueblo invasor, con ayuda de los seres mágicos que pronto fueron diezmados y aniquilados del reino, por culpa de las incontables batallas. Mi tatarabuelo, Frederick de Sothya y Westtnar, consiguió con ayuda de sus hombres, acabar con el rey gertryo Yumari Ibn Freestemort.
-¿El malvado Rey de la Oscuridad?
-El mismo, mi querida criada. Mi tatarabuelo consiguió aniquilar a todo su ejército y cuando estuvo acorralado y a punto de morir, se rindió. La paz volvió a Traylasia y con ella el origen de mi familia., tras el matrimonio de mi antepasado con una ninfa del bosque. Los gertryos supervivientes se trasladaron al norte y cuenta la leyenda que tras la rendición de aquel malvado rey, fue asesinado por los dragones que tan cruelmente había ido aniquilando y cazando como trofeos en los tiempos de oscuridad. Las antiguas escrituras dicen que sus restos fueron diseminados por el bosque Ifnish y que por eso se volvió tóxico, para los humanos y resto de seres que no fueran mágicos.
-El Bosque Oscuro, que actúa de frontera con los condados del sur. –Susurré hacia mi interior.
-Tan solo es una leyenda y las ciudades, como Tjmud se crearon a imagen y semejanza que las ciudades de La Resistencia. –Suspiró y comenzó a juguetear con su colgante. –Mi madre pertenecía a uno de los condados del sur y su boda con mi padre supuso una alianza con ellos, al igual que mi boda, para los estados del este.
-¿Y qué ocurrió con los animales mágicos?
-Las lenguas del sur dicen que todos se refugiaron en el bosque, mientras que la Iglesia asegura que todos los seres mágicos fueron muriendo poco a poco hasta llegar a la extinción.
-Yo creo que aún existen las ninfas. –Sonreí. –En Rocagris, decían que habitaba una ninfa del hielo y que jugueteaba con su hijo por los bosques, trayendo el invierno.
-Fantasías infantiles, Mencía. Nunca existieron, simplemente fueron seres imaginarios que ayudaron a crear una gran historia.
-Los Gertryos posen dragones.
-Tenían dos y uno de ellos desapareció hace doscientos años en la Batalla de la Reconquista. Mencía, no existen, y ese dragón que vos aseguráis que poseen esos bastardos, no es real.
-Nunca limitéis vuestros conocimientos, puede que estéis equivocada.


Mi ama me dio permiso, para retirarme a continuar con mis labores. Pensé que aquella amabilidad, tan poco común, era por el hecho de sentir lo mismo que mi hermano sentía por ella.

Dougie pensaba que yo no había observado aquella mirada, pero ambos expresaron demasiado al mirarse fijamente y eso demostró el sentimiento de atracción que tenían. Para Dougie, un sueño inalcanzable y para mi señora, un riesgo si realmente aparecía el amor entre ellos, más de lo que ya era presente.

2 comentarios:

  1. ¿soy la primera? ¡Dime que si!
    El capitulo me ha gustado mucho y me ha dejado con ganas de más.

    Bueno vamos a ver...

    Mi momento favorito: Cuando Anabeth le cuenta a Mencía la leyenda del reino. Hay incorporación de seres magicos y eso es genial ( porque creo que no se nombravan antes ¿verdad?)

    Ayy Love Is in The Air ♥♥♥ Tengo unas ganas tremendas de saber que pasa entre Dougie y la princesa pero me da a mi que tardaremos en saberlo.

    Pasemos a Mencía. Me encanta su personaje. El coraje que tiene al decir lo que piensa y no callarse delante de los que se CREEN superiores a ella. Que aguante un poquitín más que seguro que encontrará el amor. ( O eso espero porque yo en mi mente shipeo Dancía c: )

    Cebo. Mi Cebín. Pues a mi me da penilla que quieres que te diga. Si hace dos capitulos desconfiaba de el por haber salvado a la madre de Christian solo por interés y sí, sé que lo que hizo con los padres adoptivos de Dougie y Mencía fué horrible pero creo que solo es un peón más en la partida que solo puede obedecer las ordenes del jugador. ( que pohético me ha quedado jo)

    Por otra parte Christian es un personaje que desde el principio me ha gustado y me gustaría ver algun trozo de capitulo desde su punto de vista (idea)

    Daniel sigué pareciéndome un chico que no sabe como ni para quien actuar. Puede que el amor le camhie la manera de ver el mundo ( Dancía *ceja* *ceja* *codazo* *codazo*) Si no al menos que se crucen y tengan una mini conversación (?

    Yo aquí dando ideas jajaja

    En definitiva, sigue escribiendo que está genial y quiero saber más ;)

    xx

    ResponderEliminar
  2. Buenas!!!!!! si por fin despues de tanto y tanto tiempo vuelvo a comentar, siento mucho mi ausencia pero he tenido un verano ausente ya que no me he conectado. pero acabo de leerme todo lo que tenia atrasado y vengo dispuesta a comentarlo como prometi.
    Primero de todo sir Thomas se puede ir un poco a la mierda. Estoy cogiendole odio al personaje ¿como se puede ser tan cruel y malvado? si ya se que toda historia necesita un malo, pero las comentaristas estamos para criticarlo. Anabeth no se merece un hombre asi, y digo hombre...por decirle algo, pq parece un demonio con tanto mal pensar.
    Harry deberia de darse cuenta que intentan apoderarse de su reino y defender un poco lo que es suyo y ya que estamos y nos ponemos a pedir deberia tb apoyar un poco a su hijo.
    por otro lado Danny ya esta bien de parecer tonto, me parece muy bien la manera en la que se ha enfrentado a Cebo, eso es lo que tiene q hacer sacar su coraje, demostrar que se merece el reino y no pq quiera que su padre este orgulloso de el, tiene que hacerlo por el mismo pq tiene que tomar las riendas de su vida. y si se fija en cierta chica pues mejor jajaja porque aqui empieza Dencia, yo creo que eso tb le puede hacer bien.
    Esa ultima idea de Mencia de tener que dejar que Cebo y ella esten juntos NO ME GUSTA NADA, prohibo escribir algo asi. Mencia tiene derecho a ser feliz y ¿con quien va ser ella feliz? con Danny. todos los sabemos....^^
    Donde si fluye ya el amor es entre Doug y Anabeth, una relacion complicada tb, pero Anabeth a la porra con sir Thomas, lucha por tus sentimeintos, fugate de casa.... (si lo se, soy muy extremista) pero no creo que Harry, cegado por el "encanto" de Sir Thomas deje perder ese matrimonio.
    Cebo me da penita pero buscarle otro amor, pq MEncia no es para el.
    Esa historia final sobre la historia del pueblo, me ha encantado, ¿volveran a revivir los seres magicos?
    Un besito y ya seguire comentando en el proximo, una historia genial y fascinante, asiq no la dejeis.

    ResponderEliminar